Las leyes de bancarrota fueron redactadas para ayudar a las compañías individuales. Realmente no funcionan bien cuando muchos se meten en problemas al mismo tiempo. Los balances de las empresas son interdependientes: dejar de pagar lo que uno debe debilita a los acreedores, lo que hará que ellos no puedan pagar a los suyos y así sucesivamente. Las empresas que podrían haberse recuperado se ven obligadas a liquidar a medida que sus casos judiciales se prolongan.

Esto se llama quiebra sistémica y es el escenario de pesadilla para el impacto financiero de la pandemia de coronavirus. Se pueden tomar medidas para evitarla, pero no está claro si los gobiernos y los bancos centrales en todo el mundo las implementarán a tiempo.

La mejor manera de evitar el estancamiento de la deuda es utilizar el apoyo del gobierno para mantener el número de quiebras por debajo del punto de inflexión en el que se vuelven sistémicas, asegura Joseph Stiglitz, economista ganador del Premio Nobel de Economía. En 2018, publicó un artículo en el Journal of Financial Stability con Tarik Roukny y Stefano Battison sobre la interconexión y el riesgo sistémico. “En algún lugar entre el caso de una quiebra aislada (American Airlines) y el incumplimiento masivo (Indonesia, con el 70 por ciento de los negocios en mora) es el límite entre la quiebra individual y la sistémica. No hay una línea clara”, escribió Stiglitz en un correo electrónico el 6 de abril.

Si la ayuda del gobierno detiene la marea, dice el Nobel, la alternativa debería ser lo que él llama “un súper Capítulo 11”, basándose en el capítulo del código federal de bancarrota de EU diseñado para mantener una empresa operando. Dicho mecanismo resolvería los problemas de muchas compañías a la vez bajo los auspicios de un supervisor designado por el gobierno. Sería rápido, mantendría la gestión y consideraría más a los trabajadores y menos a los acreedores que en las quiebras convencionales.

En algunos casos, el gobierno federal inyectaría dinero a cambio de acciones, por lo que los contribuyentes obtendrían una parte del potencial de crecimiento. “Esto va a ser una justicia dura”, dice Stiglitz. Las empresas a las que no les guste la oferta podrían probar suerte con una quiebra tradicional.

La bancarrota sistémica es más que una amenaza remota. El salto récord en las solicitudes iniciales de seguro de desempleo en EU muestra que las empresas están en extrema angustia y muchos consumidores tienen problemas para pagar sus cuentas. Algunas compañías ya han presentado solicitud para el Capítulo 11, citando al COVID-19, incluida la minorista de ropa británica Laura Ashley Holdings Plc y las compañías energéticas estadounidenses Whiting Petroleum y Hornbeck Offshore Services.

El problema subyacente es que, como lo expresó el economista de Harvard, Lawrence Summers, el tiempo económico se detuvo debido a la pandemia, pero el reloj financiero sigue avanzando. Los pagos de intereses y alquileres siguen su curso, pero el dinero para cubrirlos se ha agotado. Sin embargo, una moratoria general de todas las obligaciones financieras no es la solución correcta. Esta beneficiaría a algunos deudores individuales y comerciales acomodados que no requieren la ayuda y perjudican a otros que necesitan los pagos, como una pareja de ancianos que vive del alquiler de uno o dos inquilinos.

Lo que se necesita, menciona David Skeel, profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Pensilvania, es una bandera amarilla como la que ondea en una carrera de autos cuando hay un accidente. La bandera no detiene el movimiento, pero bloquea todos los autos, en este caso, todos los deudores y acreedores, en el mismo orden para que nadie obtenga una ventaja durante la pausa.

La Ley CARES de 2.2 billones de dólares que el presidente Trump firmó el 27 de marzo, y las acciones monetarias de la Reserva Federal, intentan agitar una bandera amarilla para la economía de EU. El proyecto de ley de estímulo incluye subvenciones a familias y préstamos a empresas que serán perdonadas si no reducen el personal. Las pequeñas empresas pueden reorganizarse en el Capítulo 11 más fácilmente bajo un nuevo subcapítulo que entró en vigencia en febrero, y la Ley CARES hace que las empresas con una deuda de hasta 7.5 millones de dólares sean elegibles para la flexibilidad. Mientras tanto, la Fed está comprando valores del Tesoro y otros respaldados por hipotecas para suprimir los costos de los préstamos y está encontrando formas creativas de extender vida a varios sectores.

Sin embargo, es casi seguro que no será suficiente. La economía de EU necesita nada menos que soporte vital en la duración de la cuarentena y algunos sectores no reciben ayuda. Por ejemplo, Michael Bright, director ejecutivo de la Asociación de Finanzas Estructuradas, comenta que las compañías de servicios hipotecarios que cobran pagos están atrapadas entre los propietarios de viviendas y edificios que se saltan esos pagos y los prestamistas finales, o los propietarios de préstamos hipotecarios, que continúan esperando el pago de los préstamos. “El gobierno está esperando ver qué tan mal se pone. Están jugando un juego peligroso”, dice.

Las compañías que carecen de calificaciones de bonos de grado de inversión también tienen menos acceso a la ayuda, aunque algunas son elegibles para el Programa de Protección de Cheques de Pago de la Administración de Pequeños Negocios o el próximo Programa de Préstamos Comerciales de la Reserva Federal. Los críticos mencionan que algunos de esos deudores, como las empresas que pidieron mucho dinero prestado para aumentar sus retornos de inversión en espera de mejores tiempos, no deberían ser rescatados. Pero Lee Shaiman, director ejecutivo de la Asociación de Sindicación y Negociación de Préstamos, asevera que las circunstancias son tan extremas que todas las compañías deberían ser elegibles para recibir ayuda, independientemente de su calificación de inversión: “Veo esto como un meteorito que golpea la Tierra. Nunca podría haber sido anticipado”.

Lo mismo sucedió en la crisis financiera de 2008-2009, que enfrentó a quienes favorecían los rescates para la economía contra quienes se oponían a ayudar a los peces gordos. Stiglitz menciona que algunas reglas simples pueden separar a los que lo merecen de los que no. Sin tales reglas, advierte, “esto podría ser un proceso prolongado. Si se trata de un proceso largo, aumenta la probabilidad de quiebra sistémica”.

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