Se siente la mano y la sagacidad del presidente de la república Andrés Manuel López Obrador en la operación de salvamento que busca limpiar el cochinero causado por la torpeza y perversidad de Mario Delgado Carrillo en la selección de la candidata de Morena a la gubernatura.

Hace unas semanas el dirigente nacional de Morena operó con machete y sin anestesia en el doliente cuerpo de su partido. Intentó de manera artera y matrera favorecer al precandidato del Partido Verde. Con escaso tino y subestimando a los militantes de Morena en San Luis Potosí, quiso tomarles el pelo y le salió el tiro por la culata provocando rebeldías justicieras. En contraste, AMLO ya está operando de emergencia y con bisturí para salvar la vida de un partido que en las últimas dos semanas se haya postrado y en crisis. Una vez más López obrador da muestras de que lo suyo es el refinado arte de ganar campañas. Tal vez su intervención logre que las desmadradas aguas vuelvan a su cauce y que Morena se reubique como el competidor más fuerte. López Obrador no quiere perder ninguna de las 15 gubernaturas que estarán en juego el próximo 6 de junio. Va por todo utilizando su experiencia política y el poder manipulador que deriva del uso clientelar de los programas asistenciales que a nombre del gobierno de la 4T entregan los Servidores de la Nación a millones de mexicanos.

Así que sólo es cuestión de días para que se revele con toda nitidez la jugada maestra en la que la joven abogada Paloma Bravo Correa se confirmará como la preferida de Palacio Nacional. Ella es una precandidata con perfil fresco, con fama de honesta y partera en el nacimiento de Morena en San Luis Potosí. Las otras competidoras que ya se habían inscrito cuando se publicó la primera convocatoria y las nuevas aspirantes ya no serán más que parte de la decoración que embellecerá el paisaje para dar la impresión de que hubo un proceso democrático.

Siguiendo el guion diseñado en Palacio Nacional, Paloma Bravo ya se ha registrado como aspirante a la gubernatura, pero al margen del resultado que arrojen las misteriosas encuestas que nunca son dadas a conocer por los dirigentes de Morena y que son el equivalente al oráculo de Delfos, Bravo Correa será entronizada como candidata oficial por voluntad del ubicuo e invisible Dedo Todopoderoso del único que manda en Morena.

Por otro lado al presidente y a Morena les ajustó como anillo al dedo que la doctora Mónica Rangel, ahora ex secretaria de salud del gobierno del estado, se haya registrado como aspirante traicionando al PRI, partido al que como San Pedro ha negado ya tres veces en los últimos días. Su voraz ambición ha sembrado la sospecha de que el gobernador Carreras está entrometiéndose en el proceso interno de Morena, maniobra que no es verídica pero que se presta a intrigas que utilizan los enemigos del gobernador.

Mónica se va a convertir de facto en la comparsa perfecta que permitirá realizar un demoledor contraste en su contra cuando se compare su actuación en el gobierno frente al limpio historial de Paloma Bravo Correa. Sobre las espaldas y el prestigio de la doctora Mónica Rangel pesan como un fardo la presunción de haber cometido actos de corrupción por el orden de los 174 millones de pesos en la Secretaría de Salud en complicidad con Gabriel Alan Salazar Soto, el Rey del Emprendimiento. Además, de manera irresponsable, la doctora Rangel renuncia en el momento en que esa plaga bíblica llamada Covid-19 azota sin piedad a los potosinos. Mónica Rangel, originaria de la Ciudad de México, entra con el pie izquierdo a un partido (Morena) que enarbola principios de honestidad y compromiso con los más necesitados. Valores que no le son reconocidos a la doctora por las tribus de Morena en San Luis Potosí. Para ellos solo es una oportunista que busca montarse en lo alto de la ola ganadora del partido en el gobierno.

Por todo ello es factible pronosticar que vienen días de furia al interior de Morena. Algo huele mal, algo se está pudriendo en ese partido. Hay un caldo de cultivo en el que fermentan los peores humores: guerra fratricida, divisiones, agravios, oportunismos y desencanto. Se vislumbra un horizonte de anarquía; una tediosa y crispada judicialización del proceso de elección de la candidata a la gubernatura. Y, en conclusión, el peligro de que todo se vaya al carajo.

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