Leticia Sánchez Medel.

Vía: Milenio.

Hernán Cortés habría visto, al llegar a Tenochtitlan en 1519, un juego de pelota junto a Moctezuma Xocoyotzin en el área ceremonial del Templo Mayor. Cronistas como fray Juan de Torquemada lo mencionan, de acuerdo con Raúl Barrera Rodríguez, director del Programa de Arqueología Urbana y curador de la exposición El juego de pelota en Tenochtitlan, inaugurada ayer.

“Los cronistas Francisco López de Gómora (España, 1511-1564) y fray Juan de Torquemada (España 1557-Nueva España. 1624) hablaban de cuando llegaron los conquistadores españoles. Moctezuma Xocoyotzin los invitó a presenciar un juego de pelota, un encuentro ritual en el que él participó como jugador. Era común que los tlatoanis asistieran al edificio del Teotlachco (El juego de los dioses), ubicado en lo que ahora es la calle Guatemala, en el Centro Histórico. Es ahí donde jugó el Moctezuma ante el asombro del conquistador”.

Al recorrer la exposición en el Museo del Templo Mayor, conformada por más de un centenar de piezas arqueológicas, Barrera Rodríguez explicó que este juego tenía varios significados en la cultura mexica.

“La lucha de los astros, el mito del nacimiento de Huitzilopochtli y el enfrentamiento entre fuerzas diurnas y nocturnas. Se explica el sentido del sacrificio humano asociado al juego, vinculado a la fertilidad, la renovación de la vida y el acceso al inframundo. También se aborda su función social como mecanismo para resolver conflictos políticos y espacio para hacer apuestas”.

El mito

En ese contexto destacó la importancia del hallazgo arqueológico del Teotlachco, ubicado en terrenos del Hotel Catedral. Para Barrera Rodríguez, este vestigio es especialmente significativo por su conexión con el Huey Tzompantli y con el mito fundacional mexica vinculado al sacrificio humano y a la vez relacionado con Huitzilopochtli pues está ubicado exactamente frente al templo dedicado al dios de la guerra. De esta forma forma parte de un eje ritual que tiene que ver con el sacrificio y con la muerte.

“Todos esos edificios tienen relación con el mito del nacimiento de Huitzilopochtli, tanto el Tzompantli como el Juego de Pelota. Recordemos que hay dos fuentes históricas, una con la versión de fray Diego Durán y la otra de Hernando de Alvarado Tezozomoc en su Crónica mexicana. En esta se menciona que cierto día, según el mito, en el Teotlachco se escuchó un ruido por la noche, un escándalo, y que al otro día se encontraron con muchos muertos.“Ese mito dice que hubo una rebelión, ‘se unieron unas 400 almas comandadas por Coyolxauhqui para darle muerte a Huitzilopochtli’, la deidad solar. En esa rebelión este último mata a todos, les extrae el corazón y se los come. Desde entonces existe el mito del sacrificio humano”, argumentó Barrera.

Agregó que el sacrificio humano en el juego de pelota tenía que ver con la fertilidad agrícola, así como con el tiempo, con la renovación de la vida, porque el Teotlachco era una superficie terrestre pero al mismo tiempo el juego era una entrada al inframundo”.

El arqueólogo comentó que el juego también se utilizaba para resolver diferencias y conflictos políticos entre los pueblos y las autoridades. Es más había encuentros en los que se podían hacer apuestas con textiles, plumas preciosas, oro, cacao, cuentas de piedra verde y casas. “En ocasiones los individuos podían proponerse para ser sacrificados si perdían en la apuesta, todo ello documentado en el Códice Mendoza y en la Matrícula de tributos”.

El dinamismo del universo

En la exposición se muestra una maqueta que recrea, de manera hipotética, cómo fue el campo del principal juego de pelota de los mexicas. Contaba con alrededor de 50 metros de largo por 34 de ancho, de acuerdo con Lorena Vázquez, investigadora del Programa de Arqueología Urbana y cocuradora de la exposición.

Contó que en ese teotlachco o cancha los mexicas no sólo jugaban, también se divertían. “La idea era tener la pelota en movimiento, como los astros se mantienen en el universo en constante dinamismo”.

Vázquez explicó que el juego de pelota era un conjunto de prácticas de carácter lúdico y ritual que se desarrollaba en equipos donde se intentaba anotar puntos golpeando una pelota de hule. Fue tal su trascendencia que el Instituto Nacional de Antropología ha registrado mil 233 edificios o canchas.

Se practicaba desde la época de los olmecas, “la que algunos llaman cultura madre. Por eso en el Templo Mayor se exhiben dos pelotas de hule con más de 3 mil 500 años de antigüedad encontradas en Veracruz.

Patricia Ledezma, directora del Museo del Templo Mayor, recordó que con la construcción de este se contempló la edificación de edificios básicos como el juego de pelota, un espacio de culto.

“Los arqueólogos hemos inferido que el juego de pelota debió ser una parte importante en la definición de lo que era ser mesoamericano; de igual forma, en las crónicas existen episodios que lo enuncian”.

Por ello, en Tenochtitlan, “la última capital cultural del mundo prehispánico, no podían faltar canchas, que fueron arrasadas tras la derrota a manos del ejército multicultural de Hernán Cortés. Se consideraba que el juego era una práctica herética contraria a las creencias católicas. Tuvieron que pasar siglos para que pudieran surgir poco a poco los restos de esta práctica milenaria en el Centro Histórico de Ciudad de México”.

Fue en 2014 cuando el arqueólogo Raúl Barrera y su equipo encontraron una parte más de este rompecabezas. Con los trabajos de cimentación del predio de Guatemala 16 se halló una esquina de la cancha y parte de las escalinatas del Teotlachco o Juego de Pelota.

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